Te fuiste con el otoño, sin perfumes de jazmines, glicinas y emparrados. El albo bandoneón, está callado llorando, sin consuelo, en este lunes.
Te fuiste con tu tango, con tu numen, simbiosis de asfalto y empedrado, visceral, sufriente y desgarrado, emprendiste el viaje hacia tu nube.
Pero estás, en el inventario del porteño, del tronco tanguero, sos astilla, despertarás de lo que fue un mal sueño,
y otra vez en el centro y en la orilla tu voz y tu jaula se harán dueños del doliente pregón de algún canilla. |